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Turistas Foto: Tena Informa
  Como Desplazarse en el Ecuador

Ecuador dispone de un sistema de transporte más eficiente que la mayoría de países andi­nos. Además, debido a su reducido tamaño, e> posible ir de un sitio a otro de manera rá­pida y fácil. El autobús es el medio más uti­lizado; se puede tomar uno en Tulcán, en la frontera con Colombia, hasta Huaquillas, en la peruana, y llegar en sólo 18 horas. Tanto los aviones como los barcos son bastante re­queridos, sobre todo en El Oriente y las islas Galápagos; en cambio, el tren no es tan popular. Cualquiera que sea el transporte utiliza­do, hay que llevar siempre la documenta­ción; ésta no debe dejarse en el hotel, por seguridad, o junto con el equipaje. Es posi­ble que, viajando en autobús, se pasen con­troles policiales a la entrada de algunas ciudades y, aunque no es frecuente que pi­dan el pasaporte a los pasajeros, es buena idea tenerlo a mano. Los controles son más frecuentes en El Oriente.

EN AVIÓN

Incluso los turistas con un presupuesto muy «justado deberían utilizar los vuelos inter­nos; son relativamente baratos, excepto los de las islas Galápagos. En algunos se ofre­cen tarifas diferenciadas para extranjeros y ecuatorianos. Los que tienen su origen o destino en Macas (Morona-Santiago), Lago Agrio (Sucumbíos) y Coca (Orellana) cues-an 53 dólares, ida o vuelta a Quito, para fosteros; aproximadamente la mitad para los locales. Los que van a Galápagos valen 335 dólares ida y regreso desde Gua­yaquil o Quito, lo que representa alrededor del doble de lo que abonan los nacionales y atro veces más que los isleños. El trayec aéreo entre Quito y Guayaquil cuesta iros 50 dólares si el billete se compra en Ec iador a TAME. A pesar del gasto extra . turistas no reciben mejor trato a bordo aje los demás. Otros destinos tienen una ta Ti. Mea, aunque esto cambiará pronto. La mayoría de vuelos tiene como destino "ocedencia Quito o Guayaquil. La com-pañía aérea más importante es TAME, que realiza servicios a casi todos los aeropuer­tos del país. SAN-Saeta era su principal competidor, pero ha cesado de manera inde­finida su actividad. Otras aerolíneas más pe­queñas son Aerogal, la cual enlaza la capital y Coca, y Austro Aéreo, que cubre los tra­yectos de Cuenca a Guayaquil y a Macas (con posibilidades de expansión en un futuro próximo).

Algunas empresas pequeñas se encargan de travesías cortas a lo largo de la costa, en aeronaves ligeras que sólo transportan entre cinco y nueve personas. Desde El Oriente se pueden organizar viajes chárter. Los milita­res también venden pasajes; completan las plazas en los aviones que van a las misiones y las plantas petrolíferas; sin embargo, esta práctica empieza a remitir.

En la actualidad, con la mejora de los ser­vicios aéreos, resulta mejor pagar un poco más por un billete en una línea regular que esperar varios días para poder viajar con al­guien más.

TAME cubre los trayectos desde Quito hasta las ciudades más importantes del país, excepto a Coca, que utiliza los servicios de Aerogal. La línea Guayaquil-Salinas no funciona todo el año. A menudo, las compa­ñías cancelan algunos vuelos porque el apa­rato necesita mantenimiento o porque no hay pasajeros suficientes para cubrirlo, aunque esto no ocurre con tanta frecuencia como ha­ce unos años. Para obtener más información sobre cómo llegar a las islas Galápagos des­de el continente, ver el capítulo Las islas Ga­lápagos

Los aviones suelen ir con retraso, aunque no mucho. Los que salen a primera hora de la mañana tienen más probabilidades de lle­gar a su hora, pero a partir del mediodía suele haber un desplazamiento de una me­dia hora sobre el horario previsto. El viajero debe presentarse alrededor de una hora an­tes para los vuelos de compañías naciona­les, ya que la facturación es algo caótica. Lo mejor es llevar una bolsa y una pequeña maleta para evitar tener que facturar. En al­gunas ciudades importantes se da prioridad a los pasajeros que sólo llevan equipaje de mano.

Si se llega una hora antes de la estipulada para volar entre Quito y Guayaquil es pro­bable que, si hay plazas disponibles, se pue­da tomar un vuelo anterior. En los trayectos nacionales no se acos­tumbra a numerar los asientos; quien llega primero, escoge el sitio. No existen seccio­nes separadas para fumadores y no fumado­res. En ciertos viajes se puede admirar paisajes extraordinarios de los picos nevados de los Andes; vale la pena elegir venta­nilla, incluso con mal tiempo, puesto que los aparatos suelen ascender por encima de las nubes, lo cual permite tener vistas especta­culares de los volcanes

Si es urgente ir a algún sitio, no hay que desesperarse si no se puede conseguir un bi­llete. El viajero debe dirigirse al aeropuerto a primera hora y apuntarse a una lista de es­pera; en ocasiones, algunos pasajeros no se presentan. Si se ha efectuado una reserva, es preciso confirmarla, primero con 72 ho­ras de antelación y luego 24 horas antes, así como a la llegada a Ecuador. Si esto no es posible, debe avisarse a la compañía para que lo sepan. Además existe la posibilidad de hacerlo a través del ordenador o por me­dio de una tercera persona.

Los vuelos nacionales no suelen cobrar tasa de salida, aunque se dice que se im­plantará una. Los pases aéreos no existen.

EN AUTOBÚS Larga distancia

En la actualidad, Ecuador continúa desarro­llando un sistema de estaciones centrales de autobús en cada ciudad, lo que significa que, en caso de tener que hacer transbordo, no es necesario recorrer diferentes sitios hasta dar con el correspondiente enlace. To­dos los vehículos llegan y salen del mismo lugar: de la terminal central o terrestre. Pero en algunas localidades, este sistema aún es incompleto. No hay que quitar ojo al equipaje. Los ti­rones son frecuentes y abundan los artistas de la cuchilla. Los paquetes deben estar siempre donde el viajero pueda verlos y éste debe permanecer siempre alerta. Los ladro­nes buscan blancos fáciles y no se la juga­rán si ven que el turista está pendiente de sus pertenencias. En los mapas de las ciudades de esta guía -e pueden localizar las terminales terrestres.El texto que los acompaña menciona los destinos más importantes de que disponen, el coste del billete y la duración aproximada del viaje, así como la frecuencia de paso. No se proporcionan los horarios exactos, puesto que cambian a menudo y sería una manera de convertir esta obra en obsoleta antes de su publicación. Si un autobús se llena, puede que salga en la hora anunciada y si está casi vacío dará vueltas durante me­dia hora de la terminal a la plaza central con el copiloto gritando desde la puerta para atraer a más pasajeros. No es muy probable que esto ocurra en las ciudades principales, aunque es bastante común en las más pe­queñas.

Se utilizan básicamente dos tipos de ve­hículos. Las busetas, con capacidad para 22 personas, son rápidas y eficientes; los asien­tos suelen estar bastante juntos y, por lo ge­neral, no se permiten viajeros de pie. Los más grandes, llamados autobuses o buses grandes, son más espaciosos, pero en algu­nos se permiten pasajeros de pie, por lo que suelen ir abarrotados. Son más lentos por­que continuamente hacen paradas para que se apeen o suban personas. Cada vez son más los autobuses que llevan instalado un vídeo; si el paisaje no es suficiente para en­tretener al usuario, éste puede disfrutar viendo una película.

Algunos autobuses son más caros que otros porque ofrecen un servicio bastante más rápido o porque disponen de un lavabo a bordo. Si se tiene poco equipaje, lo mejor es lle­varlo encima. Si es demasiado voluminoso para que quepa debajo del asiento, deberá colocarse encima del autobús o en el com­partimento destinado a tal efecto. Cuando se coloca en el techo, en ocasiones va cu­bierto por un toldo, pero no siempre; lo me­jor es envolver los bultos con bolsas de plástico las de la basura son buenas para protegerlos en caso de lluvia. A veces, el compartimento para paquetes está muy su­cio y es posible que estos se manchen de grasa o barro. Es recomendable meterlos en un saco grande, como los de patatas, que se pueden comprar por unos centavos en tien­das y mercados. Se cuentan historias de la­drones de maletas, pero no es muy frecuente, aunque hay que minimizar el riesgo asegu­rando bien las pertenencias y comprobando de vez en cuando que siguen donde se han dejado.

En las paradas de las rutas principales hay vendedores de frutas, bollitos, helados o bebidas, así que el viajero no se morirá de hambre. Los buses de largo recorrido se de­tienen durante 20 minutos a la hora de co­mer. Los platos que se pueden encontrar en los restaurantes de las terminales son poco variados; el turista delicado se debería lle­var su propia comida. En las rutas secundarias se permite que, cuando el autobús está completo, algunos pasajeros viajen en el techo. Puede ser di­vertido: ¡hermosas vistas, aunque con una comodidad mínima!

Reservas.

Viajar por Ecuador en autobús es fácil; aquí ofrecemos algunos consejos para hacerlo más agradable. El día anterior a la partida se pueden comprar los billetes en la terminal. Eso significa que se puede elegir la hora de salida e incluso el número de butaca. Si la persona es de gran estatura evitará apretujarse en los diminutos asien­tos traseros. Los delanteros son mejores: más espacio para las piernas, mejores vistas y, en definitiva, un viaje más placentero.

Algunas personas prefieren sentarse en la segunda fila, para evitar ser molestados cuando otros usuarios suben o bajan. En caso de accidente grave, la primera fila suele ser la más perjudicada (aunque es probable que no lo sea tanto como cuentan). El viaje­ro debería intentar evitar las butacas que quedan sobre las ruedas: suele ser la tercera fila empezando a contar por delante y la ter­cera por detrás en las busetas, y la cuarta o quinta en los autobuses más grandes. El pa­sajero puede preguntarlo cuando adquiera el billete. La suspensión trasera suele estar en peores condiciones que la delantera; si es posible, evitar los asientos de atrás.

Algunas compañías no venden billetes por adelantado. Acostumbran a ser las que disponen de salidas frecuentes (dos cada hora, o más). El viajero debe tomar el pri­mer autobús que salga hacia su destino. Si los asientos de éste no son cómodos, puede decidir perderlo y ser el primero en el si­guiente, siempre y cuando no le importe sa­lir algo más tarde. Si el desplazamiento se realiza durante un fin de semana largo o una fiesta especial, las compañías suelen reser­var los billetes con varios días de antela­ción, así que el turista debe hacer lo mismo siempre que pueda. La tarifa para los billetes que se compran en las terminales es fija. En las estaciones más grandes puede encontrarse un puesto de información para viajeros. Allí es posible conocer todas las rutas disponibles que par­ten de las principales localidades.

Si el viajero sólo desea realizar parte del trayecto, o se sube en una pequeña ciudad a medio camino, el conductor le cobrará sólo la parte correspondiente. El 90% de las ve­ces el precio es justo; alguna vez intentan cobrar al visitante más de lo debido.

Cuando lo que interesa es tomar el pri­mer vehículo disponible, sólo hay que diri­girse a la terminal: el copiloto estará dando voces para atraer más pasajeros. Con fre­cuencia, en los recorridos más comunes, el viajero parte sólo unos minutos después de su llegada a la estación. Antes de subir a bordo debe asegurarse de que ese vehículo va a donde él quiere ir.

En ocasiones, el conductor afirma que se dirige a una localidad y luego sólo llega hasta medio camino y hay que realizar un transbordo. Si el cliente quiere un autobús directo debe buscarlo con anterioridad. Además, ha de asegurarse de que sale de manera inmediata y no después de dos o más horas.

Camiones

En algunas zonas remotas, estos vehículos realizan la función de autobuses. En ocasio­nes son camiones remolque con techo de la­ta, abiertos por los lados, y con incómodos asientos hechos de tablones de madera; se llaman rancheras y se pueden ver en la zona costera y en El Oriente.

En los lugares más recónditos de las tierras altas también hay camiones o camionetas que transportan pasajeros. Si las condiciones climáticas lo permiten, se obtienen fabulosas vistas y se puede sentir el aire fresco (llevar ropa de abrigo). Si el tiempo es malo, hay que agacharse y ocultarse bajo una lona con el resto de viajeros. En verdad, no es el colmo del lujo, pero puede que sea la única manera de llegar a algunas zonas rurales aisladas y, si se obvian las pequeñas molestias, es posible que estos recorridos sean los más interesantes le Ecuador.El conductor es quien suele determinar cuánto debe pagarse por estos trayectos; habitualmente son precios normales, variables según la distancia. El viajero puede pregun­tar a otros pasajeros para saber cuánto han pagado ellos. En la práctica, estos camiones cumplen la misma función que los autobu­ses y cobran precios similares.

Transporte local

En las ciudades ecuatorianas no hay metro ni tranvías. El transporte local se efectúa en autobús. Los autobusess son lentos y transitan llenos; en contrapartida, son muy baratos. En casi todas las ciudades se pue­de hacer un recorrido completo por unos 10 centavos. A menudo llegan hasta pue­blos cercanos y utilizarlos es una buena manera de echar un vistazo a los alrededo­res. Si se entabla conversación con el con­ductor, puede que éste le haga de guía, señalándole los lugares de interés por los que se pasa.

Cuando se quiera descender, hay que gri­tar "¡Baja!". Si se dirige al conductor y le pide que pare, éste pensará que quiere ac­tuar como su copiloto y le ignorará. Otra manera de solicitar la parada es gritando "¡Esquina!"; así se detendrá en la próxima.

EN TREN

Las inundaciones y deslizamientos de tierra provocados por el fenómeno El Niño en 1982 y 1983 dañaron gravemente la red fe­rroviaria ecuatoriana. Algunos tramos no restablecieron su servicio hasta la década de 1990, incluido el descenso desde Alausí a lo largo de La Nariz del Diablo, un espectacu­lar recorrido que se hizo famoso gracias a una serie de televisión británica que recopi­laba los trayectos de tren más espectacula­res del mundo.

En la actualidad, un tren sale de Riobam-ba, recorre La Nariz del Diablo y sube a Alausí tres veces por semana. Cada siete días hay uno que enlaza Quito con Riobam-ba y otro que efectúa una excursión desde la capital hasta el Área de Recreación El Boli­che, cerca del Cotopaxi. Los pasajeros pue­den hacer este viaje en el techo de algunos vagones, lo que lo convierte en una atrae-ción muy especial. En el norte, un autoferro (especie de tranvía) sale de Ibarra y llega hasta medio camino de San Lorenzo.

ENAFER es la compañía estatal que diri­ge el ferrocarril. No dispone de una central telefónica con la que contactar; para obte­ner información sobre los horarios de salida o cualquier otra consulta sobre el servicio hay que preguntar en la oficina correspon­diente de cada ciudad. Una vez más, las tarifas se aplican diferenciadas: los extran­jeros pagan unos 15 dólares por cada uno de los trayectos aquí descritos, independiente­mente de la longitud del recorrido; los ecua­torianos sólo abonan alrededor de un dólar.

EN COCHE Y MOTOCICLETA Conducción difícil

El sistema de señalización de las carreteras es muy pobre. Puede suceder que se indique muchos kilómetros antes un cruce o desvío y, una "ez allí, que no se encuentre señal alguna. Enormes baches, vías estrechas y conductores que adelantan en las curvas, son parte de la aventura. De todos modos, un vehículo proporciona la libertad de ir a donde se quiera, ¡ siempre y cuando se sea capaz de encontrar el camino!

Debido a las malas condiciones en que se encuentran las carreteras y a los temerarios conductores locales, no es muy recomenda­ble conducir en Ecuador, a no ser que se tenga mucha confianza y experiencia.

Alquiler de vehículos

Alquilar un automóvil en Ecuador resulta más caro que en España. El alquiler barato no existe. Si el precio parece razonable, el viajero debe comprobar los extras por los que ha de pagar -en ocasiones una cantidad por kilómetro recorrido- y contratar un se­guro. Además, algunos vehículos no se en­cuentran en muy buenas condiciones.

Alquilar fuera de Quito, Guayaquil y Cuenca es difícil. Es necesario disponer de una tarjeta de crédito; no se acepta el pago de depósitos en metálico. La edad también cuenta: se debe ser mayor de 25 años (sólo algunas compañías admiten conductores de 21 o 23 años). El carné de conducir suele ser suficiente, si lo acompaña una fotogra-fía. Algunas empresas piden el permiso in­ternacional: quien planee conducir en Ecua­dor debería solicitarlo antes de salir de casa; este trámite es bastante ágil.

La tarifa más común es de unos 40 dóla­res por día para un turismo corriente, pero puede llegar hasta 100 por un vehículo todo terreno grande. La mejor opción es el alqui­ler semanal. Las cantidades -incluyendo se­guro, tasas y kilometraje ilimitado- oscilan entre los 300 dólares por un automóvil sen­cillo de tres puertas hasta los 800 por un to-doterreno deportivo. Merece la pena buscar hasta encontrar el mejor precio; si el alquiler es muy barato, sólo cabe esperar un vehículo mediocre. Tanto Budget como Localiza go­zan de buena reputación. Algunas agencias internacionales (Budget, Avis, Hertz) acep­tan reservas desde el país de origen.

Por norma general, las agencias de alqui­ler son honestas, a pesar de que, de vez en cuando, se oye alguna queja. La mejor ma­nera de evitar confusiones y malentendidos es plasmar las condiciones en un papel. Este documento ha de incluir los precios, el kilo­metraje, cualquier descuento aplicable, ta­sas o recargos y el lugar y la hora en que debe ser devuelto. El usuario comprobará que no existen desperfectos y, si los hay, que constan en el escrito. Los vehículos de alquiler suelen ser viejos y estar bastante castigados, pero funcionan bastante bien. El viajero debe asegurarse de que dispone de rueda de recambio y de gato para cambiarla y saber dónde están colocados.

Estos automóviles son un objetivo para los ladrones. No deben estacionarse nunca con bolsos u otros objetos de valor a la vis­ta. Lo mejor es dejarlos en un aparcamiento vigilado, sobre todo por la noche. El alqui­ler de motocicletas está poco extendido. Ecuador es productor de petróleo; esto hace que el precio del combustible sea bajo. Un litro de gasolina cuesta unos 25 centavos.

Adquisición

Santiago, la capital de Chile, es el mejor lu­gar de toda América Latina para comprar un automóvil o una motocicleta, nuevo o de se­gunda mano. Todo aquel que prefiera con­ducir su propio vehículo debería considerar la idea de comprarlo en la capital chilena y continuar desde ahí el viaje.

Embarcar un vehículo

Si se desea embarcar un vehículo (o cual­quier otro artículo de gran tamaño), una compañía con representación en todo el mundo y con una oficina en Ecuador es Ecu-Line (www.eculine.be). La filial ecua­toriana (» 04 292 075, 286 743, fax 397 066, 286 743, flde@gu.pro.ec) está en la Avenida Quito 806 y 9 de Octubre, en Gua­yaquil.

EN TAXI

En Ecuador viajar en taxi resulta muy bara­to debido al precio de la gasolina y a los ba­jos salarios de los conductores. Hay una amplia variedad de vehículos, pero todos son de color amarillo. La mayoría lleva una señal luminosa en el techo con la palabra Taxi y otros exhiben un adhesivo en el para­brisas. A menudo pertenecen a cooperati­vas; el nombre y número de teléfono de éstas suelen estar pintados en las puertas.En el momento de tomar un taxi lo pri­mero es preguntar por la tarifa; si no, la ma­yoría de las veces pagará más de lo debido. Los taxímetros no suelen ser comunes, ex­cepto en las grandes ciudades, donde son obligatorios. Incluso si dispone de uno, es probable que el conductor no quiera utili­zarlo. Este hecho puede ser una ventaja para los usuarios, ya que con el contador apaga­do, el taxista puede evitar los atascos inter­minables del centro urbano dando un rodeo, que ahorrará bastante tiempo a ambos y el gasto extra de gasolina es insignificante. Un trayecto largo en Quito o Guayaquil no vale más de tres dólares; uno corto suele costar menos de un dólar. En localidades más pe­queñas, el precio oscila entre 50 centavos y dos dólares. Si se toma en los aeropuertos internacionales de Quito o Guayaquil el im­porte de la carrera puede ser exorbitante. Durante los fines de semana y por la noche, los precios se incrementan entre un 25% y un 50%. En las horas de mayor aje­treo es difícil encontrar uno vacío.

Es posible contratar los servicios de un taxi por horas; medio día puede costar entre 10 y 15 dólares si se regatea un poco. En los desplazamientos largos fuera de la ciudad la tarifa aplicable es aproximadamente de un dólar por cada 10 kilómetros (hay que abo­nar el viaje de vuelta, incluso cuando el pa­sajero no regrese en él). Si se alquila entre cuatro personas, cada uno pagará de dos a tres veces el precio de un billete de autobús de ida y vuelta.

El alquiler de un taxi durante varios días es comparable al de un automóvil, con la di­ferencia de que no hay que conducir; pero se debe pagar la comida y el alojamiento del taxista. Algunas compañías de la capital se han especializado en el alquiler de vehículos todo terreno con conductores experimenta­dos para viajar a zonas remotas.

EN BICICLETA

Hay muchos ciclistas que intentan cruzar todo el continente americano, desde Alaska hasta Argentina, y otros que realizan trayec­tos más cortos. Muchos de ellos cruzan Ecuador y afirman que la zona costera es muy llana y aburrida, mientras que rodar por los Andes resulta más divertido y grati­ficante, aunque agotador. Se recomiendan las bicicletas de montaña, ya que las otras no resisten la mala calidad de las carreteras.

El alquiler de bicicletas es una modalidad bastante reciente en el país y éstas se suelen utilizar para paseos cortos (para hallar más información sobre esta modalidad de ex­cursiones, véase "Agencias de viaje" en la sección "Quito" del capítulo Quito y alrede­dores, en la página 107). Por otro lado, esta actividad no es muy popular entre los luga­reños y las máquinas disponibles no están en muy buen estado. Las que se venden en Ecuador suelen ser de una sola marcha, así que los ciclistas empedernidos deberían lle­var sus propias bicicletas. En la mayoría de aerolíneas se permite su transporte, siempre y cuando se facture.

Las tiendas de bicicletas escasean en Ecuador y la oferta de recambios acostum­bra a ser insuficiente, por lo que el aficiona-do hará bien en proveerse de repuestos de las piezas más importantes.

EN AUTOESTOP

Hacer autoestop nunca es del todo seguro en ningún país del mundo y es mejor no reali­zarlo. Toda persona que se decide a practi­carlo debe entender que asume un riesgo,, pequeño, pero peligroso en potencia. Es pre­ferible hacerlo en parejas e informar siem­pre a alguien de dónde se quiere ir.

De cualquier manera, en Ecuador no es un medio de transporte muy práctico por tres ra­zones: no abundan los vehículos privados, el transporte público es bastante asequible y los camiones actúan como autobuses en las zo­nas remotas, por lo que es inútil intentar que un camionero lleve a alguien de manera gra­tuita. Muchos conductores pueden parar, pe­ro siempre esperan un pago a cambio y desde el primer momento hay que ponerse de acuerdo en el precio. Si el viajero es el único pasajero, puede ser que el dueño del auto lo haya recogido sólo por tener compañía y charlar con un extranjero y es posible que no acepte dinero a cambio.

A PIE

En Ecuador existen múltiples opciones para las excursiones a través de los Andes, aun­que los caminos no son tan conocidos como los de Perú. Se han publicado algunas guías excelentes sobre montañismo y escalada, específicas para aquellos que viajan a pie. Caminar alrededor de las ciudades es bastante seguro, incluso por la noche, si se permanece cerca de las zonas iluminadas. Eso sí, hay que estar siempre alerta por los carteristas, y preguntar antes de aventurarse en un área desconocida.

EN BARCO

El transporte en barco es frecuente en Ecua­dor y se puede dividir en varios tipos. El más común es la canoa a motor, que hace de taxi o autobús acuático a lo largo de los ríos principales de El Oriente y algunas zonas de la costa. En las islas Galápagos existen embarcaciones a motor y también veleros de tamaño medio, utilizados por pequeños grupos para moverse por el archipiélago.

Sobre Avion

Sobrevolar Ecuador es muy espectacular, ya que se divisan bastante de cerca algunos de los montes y volcanes más altos del continente. En el trayecto de Macas a Quito se sobrevuela el Cotopaxi, el segundo pico más alto del país. En el viaje de Quito a Cuenca se pueden ver: el Cayambe (el tercero), el Antisana (el cuarto), el Cotopaxi (el segundo), el Tungurahua (el décimo, que en la ac­tualidad está en erupción), El Altar (el quinto) y el volcán Sangay (el séptimo). Esta secuencia se puede observar desde el lado izquierdo del avión. En el derecho, los pasajeros verán el lliniza Norte y el lliniza Sur (el octavo y el sexto, respectivamente), seguidos del pico más alto, el Chimborazo y del cercano Carihuairazo (el noveno).

En el trayecto de Quito a Guayaquil, la mejor vista sobre las montañas es la del lado izquierdo; en el de Macas a Quito, la del derecho. En muchos otros vuelos se ven paisajes espectaculares. Un mapa topográfico servirá de mucha ayuda al viajero para decidir cuál de los dos costados es el mejor.


 

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