Fauna & Flora
Fauna Galeria Foto
Flora Galeria Foto
Ecuador es una de las naciones más ricas del mundo en especies animales y vegetales, y ello se debe fundamentalmente a su clima tropical. Los trópicos albergan una diversidad de organismos vivos mucho mayor que los países de clima templado, pero las razones de esta característica son todavía tema de debate e investigación. La teoría comúnmente aceptada es que los trópicos actuaron como refugio para plantas y animales durante las épocas glaciales; en otras palabras, que el historial climático de los trópicos, relativamente estable, ha resultado más propicio. Ésta sería una respuesta, aunque los ecólogos ofrecen otras explicaciones fundamentalmente técnicas.
Una razón más comprensible para la bio-diversidad de Ecuador es, simplemente, que existe un gran número de hábitats distintos dentro de las fronteras de un país bastante pequeño. Obviamente, la fría y alta cordillera de los Andes alberga especies muy diferentes de las que habitan las selvas tropicales, y si sumamos las zonas intermedias, más la región costera, el resultado es un amplio abanico de hábitats, ecosistemas y vida silvestre de gran riqueza. Los ecólogos han etiquetado Ecuador como uno de los centros de megadiversidad del planeta, lo cual atrae un número cada vez más alto de amantes de la naturaleza procedentes de todos los rincones del mundo.
Las Galápagos
en estas islas se han registrado entre 700 y 800 tipos de plantas vasculares, de las cuales más de 250 son endémicas. Además, se han descrito alrededor de 500 vegetales no vasculares (musgos, liqúenes y hepáticas). Existen seis pisos de vegetación diferentes, empezando por la playa y terminando en las tierras altas. Cada uno alberga distintas y características especies vegetales.
Zona litoral
contiene especies como los mangles, los Cryptocarpus y el Sesuvium. Estas plantas se caracterizan por su tolerancia a las grandes cantidades de sal existentes en el entorno.
Zona árida
aparece inmediatamente después de la litoral. Allí habitan muchas de las clases de cactos de las islas, incluyendo bosques enteros de la gigantesca chumbera o nopal. Pueblan esta zona árboles como el fantasmagórico palo santo, el palo verde y las espinosas acacias. También se encuentra el arbusto de flores amarillas Muyuyo (Cor-dia lutez).
Zona de transición
los árboles característicos de la zona árida son menos abundantes y van dejando paso a los liqúenes, herbáceas perennes y pequeños arbustos. La vegetación es a la vez densa y variada, y no existe ninguna planta dominante.
Zona de Scalesia:
se encuentra en las zonas más altas de las islas, donde el área de transición origina una vegetación parecida a la de los bosques nebulosos. El árbol predominante es el endémico Scalesia, cubierto por pequeñas plantas, como los musgos, bro-meliáceas, hepáticas, heléchos y orquídeas.
Zona de Miconia
se halla a gran altitud, no posee árboles y se caracteriza fundamentalmente por la existencia de densos arbustos endémicos como el cacaotillo, hepáticas y heléchos. Sólo se encuentra en las laderas de Santa Cruz y San Cristóbal.
Zona de pampa
es la más alta y está compuesta sobre todo por heléchos y hierbas, incluyendo al helécho arborescente de las Galápagos, que crece hasta los tres metros de altura.
Biodiversidad
Las especies citadas en esta sección son sólo algunas de las más comunes que se pueden ver en los bosques. La extraordinaria variedad de plantas se corresponde con la gran biodiversidad de los animales que viven en su interior. Terry Erwin, de la Smifhsonian Institution (una institución estadounidense fundada en 1846 por James Smithson, dedicada al estudio y conservación de la historia natural y las culturas de América, que tiene programas de colaboración científica en varios países de América Latina), ha dedicado mucho tiempo al estudio de las selvas amazónicas, y afirma que encontró hasta tres mil variedades de escarabajos en cinco áreas distintas de selvas lluviosas; ¡cada una de estas áreas era de tan sólo 12 m2! Erwin estima que en la selva cada especie de árbol alberga más de 400 tipologías de animales, lo que significa millones de animales diferentes viviendo en la selva, muchos de ellos insectos y la mayoría desconocidos para la ciencia. Estas complejas
interrelaciones y la gran biodiversidad son las principales razones por las que mucha gente pide que se detenga la destrucción de los bosques tropicales. A pesar de ello, Ecuador posee uno de los índices de deforestación más altos de América del Sur.
Flora
Existen alrededor de quince mil especies de plantas vasculares en Ecuador, y cada año se tiene conocimiento de otras nuevas. Este número es excepcionalmente alto si se compara con las siete mil de España o las ocho mil de Argentina. En el apartado "Hábi-tats", en la página 24, se puede leer una introducción a algunas de las plantas más comunes del país.
Fauna
Aves Ornitólogos procedentes de todos los rincones del planeta van a Ecuador para observar el gran número de especies allí registradas: más de 1.500, aproximadamente el doble de las que existen en Estados Unidos y Canadá, Europa o Australia. América del Sur posee casi tres mil especies de aves; aunque es imposible ofrecer su número exacto, puesto que las nuevas descripciones son constantes.
La mayoría de las aves conocidas por los ecuatorianos viven también en otros países de América Latina. De forma ocasional, sin embargo, se descubre un nuevo tipo para la ciencia, algo poco común en este ámbito. Esto lleva a pensar que puedan existir clases de aves en Ecuador que nunca han sido descritas por los científicos.
Entre las más características figura el cóndor andino, conocido por ser el ave voladora más grande del mundo. Con una envergadura alar de tres metros y un peso de 10 kg, es realmente magnífico. En 1880, el montañero británico Edward Whymper dejó constancia de que era habitual ver una docena de parejas volando al mismo tiempo. En la actualidad sólo quedan unos pocos centenares de parejas en las tierras altas, por lo que no es muy probable que el visitante los aviste fácilmente. Los cóndores son reconocibles por su vuelo planeado con alas digitadas en las puntas (formadas por las plumas primarias extendidas), por las manchas plateadas del dorso de las alas (más notables cuando el ave revolotea bajo el sol); por un collar blanco y por la cabeza calva, de tono rosado. El resto del cuerpo es negro.
Otras aves de las tierras altas incluyen el curiquingue (Carneara carunculado), uno de los miembros más numerosos de la familia del halcón. La piel de la cara es de un brillante color naranja-rojizo, el pico y las patas son amarillentos, y los muslos y el vientre, blancos; el resto es de color negro. Es posible avistarlo en los páramos del Parque Nacional Cotopaxi (véase el capítulo El sur de Quito, en la página 188). También es habitual contemplar la avefría andina, inconfundible por su estridente y ruidosa voz: tiene los ojos, patas y pico rojizos, y las alas abigarradas de rayas marrones, blancas y negras, un detalle fácil de observar cuando el ave vuela.
El gorrión común, tan conocido en Europa, Asia, Australia y América del Norte, se observa raramente pues es una incorporación reciente a la avifauna de América del Sur. El chincol o chingólo, de similar tamaño y de fácil identificación por la mancha caoba en la parte posterior del cuello, ocupa el lugar del gorrión común en Ecuador y en la mayoría del continente.
Para muchos visitantes, los diminutos colibríes son las aves más atrayentes. Alrededor de 120 especies han sido registradas en Ecuador, y su exquisita belleza se combina con nombres peculiares como colibrí ama-tistino, brillante pechigamuza, coqueta, zafiro, ermitaño y otros.
Los colibríes baten sus alas, describiendo la forma de un ocho unas ochenta veces por segundo, lo que da lugar a su zumbido característico. Este movimiento de las alas tan excepcional les permite cernirse en el aire mientras se alimentan de néctar e, incluso, el vuelo hacia atrás. Estas diminutas aves se alimentan con mucha frecuencia para poder obtener la energía que les permita mantenerse en vuelo. Especies como el colibrí puneño que vive en el páramo, han desarrollado una sorprendente estrategia de supervivencia para las frías noches: entran en un estado de letargo -como si fuera una hibernación nocturna- mediante el que logran hacer descender la temperatura corporal hasta los 25°C y ralentizar su metabolismo de modo drástico.
Para los visitantes interesados en el mundo de las aves, merece la pena hacer un viaje a las islas Galápagos: en parte porque cerca de la mitad de las 58 especies que allí habitan son endémicas, y también porque han perdido, o al menos no lo demuestran, el miedo a los seres humanos; los viajeros pueden caminar entre las colonias de los piqueros cama-nay, o de los magníficos rabihorcados, sin obligarles a que levanten el vuelo. Para más información, véase la "Guía de la fauna de las islas Galápagos", el cuadernillo a color de las páginas centrales.
A los más aficionados quizá les interesaría dar una vuelta por la costa ecuatoriana. Un ornitólogo local afirma que existe el doble de especies endémicas en la zona de Guayaquil que en todas las islas Galápagos, pero muchas de ellas son pequeñas y no son visualmente excitantes.
Entre otras aves interesantes de tierra firme se incluyen los guacamayos, de colores brillantes azul y amarillo, más otras 44 clases de loros; 19 tucanes diferentes, con sus enormes y huecos picos; la inmensa y rarísima águila arpía mayor, capaz de atrapar monos y perezosos de las ramas de los árboles en pleno vuelo; y una amplia variedad de otras aves tropicales, como papamoscas (167 especies), tángaras (133 especies), for-micáridos (110 especies) y cotInca s (43 especies).
Mamíferos
Los mamíferos están, asimismo, bien representados: existen cerca de 300 especies registradas en el país, desde los monos de El Oriente hasta los raros osos frotinos de las tierras altas. Los más diversificados son los murciélagos, de los cuales se conocen algo más de 100 variantes.
En áreas protegidas de las tierras bajas del Amazonas se pueden ver una o más de las distintas suertes de monos existentes, entre las que figuran el mono aullador, el araña, el chorongo o lanoso, el capuchino y los titíes como el fraile o mono ardilla, además de los leoncitos y monos de bolsillo. Existe una gran diferencia entre los monos del Nuevo Mundo (los platirrinos) y los del Viejo Mundo, incluido el hombre (los cata-rrinos). Los primeros han sido, en comparación, poco estudiados, y sus nombres sufren continuas revisiones y estudios.
Los monos aulladores machos se pueden tanto oír como ver; sus horripilantes aullidos se escuchan desde gran distancia y son similares al llanto de un bebé o al sonido del viento entre los árboles. Muchos visitantes son incapaces de creer que están oyendo a un mono cuando escuchan este lúgubre sonido por primera vez.
Otra especialidad tropical es el mono perezoso, del cual existen dos tipos: el tridáctilo, que es diurno y se puede ver con frecuencia, y el didáctilo, que es nocturno y más difícil de contemplar. Lo habitual es encontrarlo inmóvil, colgando de una de sus extremidades en las ramas de los árboles, o caminando con una lentitud exasperante para llegar hasta un suculento manojo de hojas, su principal alimento. La digestión dura varios días, y defecan, más o menos, una vez por semana; son muy meticulosos en sus hábitos higiénicos: siempre bajan del mismo árbol para depositar su evacuación semanal en el suelo. Los biólogos desconocen por qué hacen esto; una hipótesis sería que la defecación continua, junto a la base de un árbol en particular, es una manera de proveer de un fertilizante natural que aumenta la calidad de las hojas y mejora su dieta.
Los mamíferos más comunes de las tierras altas son los venados, los conejos y las ardillas; también aparecen de manera ocasional zorros. Existen muchas menos especies de mamíferos en las tierras altas que en las bajas. Los más habituales, asociados a los Andes, son los camélidos: llamas, alpacas, guanacos y vicuñas. De todos estos, sólo la llama es abundante en Ecuador, aunque hay muchas menos que en Perú o B Olivia. En ocasiones es posible encontrarla en las afueras de Quito, y existe una gran colonia cerca de la entrada del Parque Nacional Cotopaxi. Se las ve en muchos pueblos re-motos de los Andes y en sus alrededores. Son animales exclusivamente domésticos y que se usan sobre todo para carga, aunque en algunas zonas también se aprovechan la carne y la piel. Su pariente salvaje, la simpática vicuña, ha sido reintroducido en el área del Chimborazo y puede encontrarse allí, pero casi en ningún otro lugar.
Es posible observar osos hormigueros o tamandúas, armadillos, agutíes (grandes roedores), capibaras (roedores enormes, que llegan a pesar hasta 65 kg) y pecaríes (cerdos salvajes), entre otros. Los bufeos o delfines de río se ven de manera esporádica en los afluentes del Amazonas. Otros mamíferos exóticos, como ocelotes, jaguares, tapires, pumas y osos de anteojos, resultan casi invisibles.
Insectos
En Ecuador se conocen miles de especies de insectos, y sin duda quedan por descubrir muchas más.
Las mariposas, de las que existen unas 4.500 variedades, suelen ser los primeros insectos que ve el visitante en los trópicos. Quizá las más impresionantes son las morios. Con sus 15 cm de envergadura y un color azul eléctrico en el dorso de las alas, que baten con lentitud, planean a lo largo de los ríos tropicales en una deslumbrante exhibición; sin embargo, cuando se posan sólo se puede contemplar el marrón de la parte ventral de las alas cerradas. En un instante, sus colores pasan de ser un alarde casi escandaloso a un modesto camuflaje.
El camuflaje es crucial en la vida de muchos insectos. Algunas mariposas en reposo se confunden con el marrón de los troncos o el verde de las hojas; otras lo hacen con la corteza escamada del árbol en que están posadas. Las orugas suelen ser las reinas del disfraz. Algunas especies imitan pequeñas ramitas, otras son capaces de contraer ciertos músculos para pretender imitar a la cabeza de una víbora, e incluso las hay que consiguen parecerse a excrementos de pájaros, por lo que pocas veces son atacadas por predadores.
Un simple paseo a través de una selva permitirá observar y estudiar muchos tipos de hormigas, como las arrieras o cortadoras de hojas, que son particularmente interesantes: pueden verse marchando en columnas por el suelo y cargando trozos de hojas a modo de pequeños parasoles sobre sus cabezas. Los fragmentos son llevados al hormiguero y en su interior se pudren. Extienden luego las capas de hojas de manera cuidadosa y permiten que ciertas especies de hongos crezcan allí. Los cuerpos fructíferos de éstos serán más tarde alimento para la colonia, que puede superar el millón de miembros. Los hongos han perdido la facultad de reproducirse por sí mismos y dependen de las hormigas para propagarse, y éstas colaboran llevándose algunos cuando construyen un nuevo nido.
Otras especies de insectos son tan minúsculas que resultan invisibles a simple vista, pero su modo de vida no es tan misterioso. El tamaño de los ácaros de la flor del colibrí es de medio milímetro; éstos se deslizan por las fosas nasales del colibrí y utilizan este original transporte aéreo para dispersarse hacia otras plantas. Más pequeños todavía son los ácaros que viven en las espiritrompas de las mariposas morfo.
Anfibios y reptiles
Estas criaturas forman una parte fascinante de la fauna ecuatoriana. Las aproximadamente 380 especies de anfibios incluyen tres ranas que desarrollan todo su ciclo vital en los árboles; algunas ponen los huevos en el agua que queda retenida sobre las hojas con forma de copa de las bromeliáceas, plantas que viven sobre las ramas del dosel de la selva.
Quizá las más raras siguen siendo las ranas marsupiales. Las hembras transportan sus huevos (en ocasiones más de 200) en pequeñas bolsas situadas bajo la piel. Éstos son introducidos en las bolsas por el macho inmediatamente después de la fertilización, y allí tiene lugar la incubación hasta que los renacuajos emergen desde debajo de la piel de su madre.
Los dendrobátidos, más conocidos como sapitos venenosos, se encuentran entre los anfibios de colores más vistosos. Algunos son de un rojo brillante punteados de negro, otros son rojos con las patas azules y los hay también verde brillante con manchas negras. Algunas especies poseen glándulas en la piel por las que exudan unas toxinas que pueden causar la parálisis e incluso la muerte en algunos animales y en los seres humanos. Es bien conocida la práctica empleada por algunos indígenas de las selvas de América del Sur que, para proveerse de veneno para las puntas de sus flechas de caza, utilizan los dendrobátidos. Las toxinas de estos sapitos son muy efectivas cuando se introducen en el sistema circulatorio (por ejemplo, con flechas), aunque el efecto de un simple roce ocasional es muy leve.
Hay casi 350 especies de reptiles registradas en Ecuador, unas 140 más que en Europa. Aproximadamente la mitad son serpientes, de las que se habla mucho, pero que pocas veces son vistas. En general, se deslizan entre la maleza cuando advierten que alguien se acerca, por lo que sólo unos pocos afortunados han conseguido echar una ojeada a una de ellas. Quizá la fhás temida de todas sea el crotálido nauya-ca real o víbora terciopelo (Bothrops asper), muy venenosa y en ocasiones fatal para el hombre. Viven habitualmente en campos de matorrales altos, por lo que sus víctimas suelen ser los agricultores cuando limpian la tierra para labrar. Pocas veces muerden a los visitantes de paso.
Peces
Un reciente inventario de los peces del Amazonas muestra la existencia de una gran biodiversidad. Se contabilizan alrededor de 2.500 especies en toda la cuenca del Amazonas, y casi mil en Ecuador. Algunas son temibles. La anguila eléctrica puede producir descargas de 600 voltios; un banco de pirañas puede devorar un animal grande en pocos minutos; las rayas de agua dulce pueden sacar un aguijón paralizante, y el diminuto silúrido puede subir a través de la uretra humana y permanecer allí alojado estirando sus afiladas púas. A pesar de todas estas historias de terror, la mayoría de ríos amazónicos son seguros. Hay que seguir el ejemplo de los oriundos: agitar los pies cuando se entra en el agua para asustar a las rayas de agua dulce que habitan en el fondo; llevar traje de baño para evitar los efectos del candirú, y nunca nadar con heridas abiertas o en zonas donde se limpia pescado, porque las pirañas son atraídas por la sangre y las visceras.
Porque se nesesita conservar selva
La pérdida de los bosques tropicales es un problema que se ha ido agravando en los últimos años. La deforestación se desarrolla a un ritmo tan rápido que la mayor parte de estos bosques desaparecerá, probablemente, en las próximas décadas. Se plantean así dos importantes preguntas: ¿por qué existen hábitats tan importantes como la selva tropical?, y ¿qué se puede hacer para prevenir su extinción?
Gran parte de la vegetación natural que se conserva en Ecuador está en los bosques tropicales, y es muy importante protegerlos. Casi la mitad de los 1,6 millones de especies que se conocen se encuentra en ellos, como las del Parque Nacional Yasuní (véase el capítulo El norte de El Oriente, en la página 319). Los científicos predicen la existencia de algunos millones de variantes por descubrir, principalmente en las selvas lluviosas. Y esta increíble riqueza de plantas, animales e insectos no podrá sobrevivir si no se protege el entorno; la deforestación será la causa de incontables extinciones.
Muchas medicinas -desde los anestésicos hasta los antibióticos, y otras empleadas para los tratamientos de ciertos trastornos cardiacos o la malaria- se han extraído de la flora de las selvas. Sólo los indígenas que moran en ellas conocen los múltiples usos curativos de algunas plantas. La mayor parte de este saber se pierde a la vez que algunas culturas indígenas son absorbidas por el modo de vida occidental, o cuando los grupos tribales son exterminados por enfermedades. Otros tesoros farmacéuticos permanecen guardados en los bosques tropicales, desconocidos para el mundo. Posiblemente, nunca se descubrirán si éstos son destruidos.
Infinidad de productos agrícolas tropicales son monocultivos con carencia de diversidad genética. En otras palabras, todas las plantas son prácticamente idénticas porque los agricultores han cultivado variedades que dan un rendimiento alto, son fáciles de recolectar y tienen buen sabor. Si una enfermedad o epidemia nueva atacara tales explotaciones, ésta podría vencerse gracias a que habría variedades resistentes nacidas fuera de la población.
Plantas como la banana (el producto agrícola más importante para la economía de Ecuador) crecen de manera espontánea en las selvas. En caso de una epidemia, los científicos podrían seleccionar variedades salvajes resistentes a la plaga para introducirlas en los cultivos hechos por el hombre. La deforestación, pues, no sólo conduce a la extinción de especies, sino que además provoca la pérdida de la diversidad genética que podría ayudar a muchas plantas a adaptarse a un mundo en continuo cambio.
Si bien la biodiversidad, ya sea por razones estéticas, medicinales o genéticas, es importante para todos, la supervivencia de las selvas tropicales lo es todavía más para los que habitan en ellas. En Ecuador, los huaoranis, shuar, cofan, secoya, cayapas y otras tribus indígenas todavía viven de manera más o menos tradicional. Todos estos pueblos dependen de la selva para mantener un modo de vida, una cultura básica que ha perseverado bajo diferentes formas a lo largo de los siglos. La deforestación acelerada obliga a abandonar estas importantes prácticas tradicionales y a negociar con la modernidad.
Las selvas lluviosas son importantes porque moderan los patrones climáticos de la Tierra. Y su destrucción es el factor principal que contribuye al calentamiento global de la misma que, si no se hace nada al respecto, puede ocasionar cambios desastrosos en nuestro planeta: los casquetes polares se podrían fundir, lo que produciría la subida del nivel del mar y la inundación de las principales ciudades costeras, muchas de las cuales están a pocos metros sobre el nivel del mar. Este desastre provocaría también que muchas de las zonas de cultivo (huertas) del mundo quedarían inundadas.
Todas éstas son buenas razones para preservar las selvas lluviosas y otros hábitats: no obstante, debe ser considerada la importancia económica de la explotación forestal por las naciones en vías de desarrollo. Sin duda, es verdad que la selva lluviosa provee de recursos como leña, pastos y posiblemente de riqueza mineral, pero éste es un punto de vista muy miope.
La importancia a largo plazo de la selva lluviosa como recurso de biodiversidad, variantes genéticas y riqueza farmacológica es reconocida tanto por los países tropicales como por otras naciones del mundo, que resultarían también perjudicadas por su destrucción. Todos los esfuerzos se dirigen en la actualidad a demostrar que el valor económico de los bosques tropicales en sí es mayor que el que pueda resultar de la deforestación.
Una manera de convertir el bosque tropical en un recurso económicamente productivo sin destrozarlo es protegerlo en parques nacionales y reservas, haciéndolo accesible a los turistas y viajeros. El ecoturismo es cada vez más importante para la economía de Ecuador y otras naciones con recursos naturales similares.
La gente preferirá visitar Ecuador para ver monos en los bosques antes que para ver vacas en los prados. Los turistas gastan dinero en hoteles, transporte, excursiones, comida y objetos de recuerdo. Y muchos llegan a entender mejor la belleza natural de la selva y la importancia de su conservación. Como resultado, los visitantes vuelven a casa convertidos en embajadores de buena voluntad para los bosques tropicales.
Se están organizando proyectos innovadores para el desarrollo sostenible de los bosques tropicales. La recolección de cabezas de tagua (fruto de la palmera Phytelephas macrocarpa), por ejemplo, se realiza de manera aceptable. Este producto de la selva lluviosa de América del Sur es tan duro como el marfil, y se usa para tallas decorativas e, incluso, para la elaboración de botones, que compran los fabricantes de ropa estadounidenses. Las nueces de Brasil también se cosechan. Los canjeos de deuda por naturaleza se empiezan a llevar a cabo por parte de organizaciones preocupadas por la conservación. Granjas de iguanas, plantaciones de orquídeas, la exportación de crisálidas de mariposas tropicales, cestería confeccionada con raíces aéreas y la recolección de semillas de plantas ornamentales son algunos de los proyectos que se investigan en la actualidad. Es esencial que se protejan las selvas lluviosas, cualesquiera que sean los métodos utilizados.
| Copyright © 2009
tenainforma.com All Rights Reserved |