Tena, 
director

    EL ARBOL DE LA ABUNDANCIA


Hace muchos, pero muchísimos años, los gemelos indígemas Cuillor y Ducero fueron de visita al tambo de su amigo Mangla para solicitarle comida. La Amazonía estaba soportando una prolongada ausencia de lluvias y las chacras en su mayoría se habían arruinado. Cuando llegaron donde Mangla, éste les brindó chicha de yuca y también de chonta, durante el tiempo que duró la conversación entre ellos, los gemelos se dieron cuenta que en una esquina de la casa había unas escamas de pescado, que por su tamaño hacían presumir cuan grande había sido el pez al que se las habían quitado; indagaron a su amigo el lugar donde el pescaba y Mangla les indicó que en una cocha cercana (poza, laguna) y los invitó a que participen ishInca (trampa de canuto en forma de embudo) en mano, en esta actividad.

Cuando llegaron a la cocha, a pesar de que estuvieron varias horas tratando de capturar una pieza, no lograron nada; Cuillor y ducero, agarraron a su amigo y bajo amenaza de propinarle una descomunal paliza ´por mentiroso, lograron que les declare la verdad. Arrepentido de su embuste Mangla les contó que por la cordillera de los Guacamayos, crecía un árbol tan grueso y gigantesco, que en su copa albergaba una gran laguna poblada de una gran variedad de peces, aves y animales. Los hermanos siguieron presionando a su amigo, para que los lleve hasta el lugar exacto donde crecía el maravilloso árbol.

Una vez que se pusieron de acuerdo, Mangla y los gemelos iniciaron la larga marcha. Avanzaron por senderos de animales, sortearon pantanos y se toparon con una impresionante boa de 15 metros de longitud que se encontraba dormida, tratando de digerir el venado adulto que le había servido de alimento. Manchones de caña guadua, pintaban de amarillo y verde el paisaje ante sus ojos, el frío se fue haciendo gradualmente más intenso, de tal forma que les calaba los huesos y por fin en un extenso claro de la selva, llegaron al sitio donde se erguía el descomunal árbol.

Los gemelos y su amigo ayunaron durante tres días con sus respectivas noches, con el propósito de descubrir la forma de derribar el varias veces milenario árbol. Tomaron una porción de la alucinante ayahuasca (planta alucinógena) y nada malo vieron en su viaje hacia las fronteras de lo misterioso y sobrenatural. Cuando salieron del trance en que los sumió la ayahuasca, pidieron ayuda a los animales y los insectos para que los ayudaran a derribar el portentoso árbol: guatusas, ardillas, pájaros carpinteros, comejenes, abejorros, etc. trabajaron hasta el agotamiento, en largas jornadas de sol a sol; los turnos eran seguidos y sin períodos de descanso y al final, el tronco fue limpiamente cortado pero el gigantesco árbol no caía.

Un hermoso halcón que por allí pasaba se acercó a uno de los gemelos y le dijo al oído que el misterio no estaba abajo en el tronco, sino arriba en la copa; luego de que pasó esta información el halcón se alejó raudamente lanzando al aire su grito de combate y dejando tras de sí una estela dorada. El gemelo ante esta revelación tomó una pócima de hojas y raíces y acompañándola de unas cuantas palabras mágicas quedó convertido en ardilla. Ágilmente trepó hasta la copa del gigantesco árbol y quedó gratamente sorprendido, ante la vista de una enorme y hermosa laguna, de agua pura y cristalina con islotes llenos de animales y aves.

En el centro de la laguna y del islote más grande, un colosal bejuco subía verticalmente hacia el infinito; él era la razón por la que el árbol no caía. Inmediatamente la ardilla se lanzó al agua y nadando ágil y rápidamente llegó hasta el islote donde estaba el bejuco y con un gran esfuerzo lo cortó con sus afilados dientes.

El milenario árbol haciendo un ruido monstruoso cayó derribado al suelo, el agua de la gran laguna se esparció por doquier y los peces nadaron en los arroyos que se formaron buscando un cause permanente. Todas las especies de animales y aves que poblaban la laguna se refugiaron en la selva y el torrente de agua llegó hasta los ríos, volviéndolos más anchos y navegables. Los únicos que no pudieron disfrutar de esta nueva abundancia, fueron los gemelos Cuillor, Ducero y su amigo Mangla, pues murieron aplastados por unas enormes rocas negras que saltaron del fondo de la laguna, en el momento en que el gigantesco árbol al ser derribado impactó contra la tierra.



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